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Lluvia de nombramientos...nuevo Comisionado de cultura
Por Miriam Ventura
Westchester, N.Y. -- La política dominicana está en su buena, momento más alto que éste no podía tener. Mientras Leonel Fernández se mueve con propiedad en el terreno político postmortem o servido en bandeja con semi-referendum, que le acotejan el sitio para cuando entre en acción otra jugada: La de una Primera Dama en el relevo, y en tanto la Reforma Constitucional, le garantiza al Presidente Fernández volver al poder, personas que antes eran símbolos de la izquierda, se arrastran detrás de alianzas partidarias de ocasión y enganches de sube y baja....
La lluvia de nombramientos, creación de cargos bajo la factura de las llamadas alianzas políticas, no es privilegio sólo de Leonel Fernández, ejemplo fresco lo constituyó Hipólito Mejía con algunos de los hijos del extinto líder José Francisco Peña Gómez… hijos que también a Fernández le han dado agua a beber. Y todos recuerdan el “que me den mi pollito…”, la flotillas de vehículos y los líos en Panamá.
Más que definir el carácter estratégico políticamente hablando, de premios o castigos de algunos de esos cargos creados o cedidos a personas por alianzas políticas, y trabajo cumplido a favor de un candidato, en el caso de la comunidad dominicana de Nueva York, a cuya condición transnacional han contribuido todos los gobiernos dominicanos, unos más que otros (concediendo el derecho al voto, doble nacionalidad y condiciones de representación, así como creación de instancias, algunas bien fantasmas, para “garantizar” la voz del dominicano fuera de su lar nativo), me interesa hacer algunas precisiones en torno a las representaciones diplomáticas y consulares, de lo que lo cultural no queda excento, habidas cuentas que no sólo el Comisionado, sino la anterior Casa de la Cultura, y otras instancias realizan sus pagos y mantenimiento de nóminas vía el Consulado dominicano, que es desde donde salen los cheques…
Comienzo con mirar de reojo los nombramientos, recientes del presidente Fernández en lo referente a la comunidad dominicana en Estados Unidos. Las confirmaciones también, pues éstas, en el caso de ciertos cargos creados exclusivamente para sus dueños, algunas cobrando en peso en la isla, y cero dólares aquí; otras con características “filantrópicas”, no cobran nada aquí, pero ocultan su cobro en pesos allá.
Las vueltas de este pandero indican que el gobierno de Fernández y el estado dominicano en sus manos, han estado jugando con eficiencia la ficha transnacional, económica y politicamente, óigase bien , mientras -y es aquí donde no se le perdona a Franklin Gutiérrez ni a ninguno que ocupe su cargo de Comisionado- el no darse a valer fuera del contexto partidista, proselitista, presidencialista y reeleccionista - en el plano cultural han manejado la comunidad sofismáticamente como diáspora y ultramar.
La historia de esta diáspora, de estos ultramarosos, arrastra sin embargo vacíos no sólo de Fernández en su sobreactuada preocupación por dotar a la diáspora de verdadera representación.
Ya durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco al otorgar 100 mil dolares al doctor Franklin Gutierrez y a la comunidad dominicana para su Casa Cultural durante los ochenta, se encaminaba a reconocer al dominicano allende los mares, otra perredeista y empresaria Milagros Ortiz Bosh, al darle cimientos al medio El Nacional como empresa en NY, atendía a los fines de dar importancia a los miles y miles de dominicanos que habian emigrado. Más tarde, el modelo económico de politica bilateral con Estados Unidos dejaba atrás el anti-imperialismo y la confrontación abierta se mostraba como causa aparente para que los subsiguientes gobiernos dominicanos aceptaran, aun fuera a reganadientes y bajo banderas de lucha de toda una comunidad por sus derechos civiles y ciudadanos allá y aquí, la presencia dominicana generando discusiones a todos los niveles de la sociedad dominicana y del estado sobre la pertenencia política de los dominicanos fuera de RD, conformándose los modelos de una comunidad política transnacional.
Consecuentemente vino la lucha por el voto del dominicano en el exterior, cambios en la Constitución y una serie de mecanismos que si no lo garantizan todo permiten ver y constatar una presencia numérica, física, política, espiritual y cultural con la misma claridad con que se notan los límites que tanto antes como ahora en el gobierno de Fernández, se les quiere imponer a la dominicanidad fuera de República Dominicana.
Los límites están ahí, aunque lo niegue el Comisionado de Cultura, lo omita el Cónsul dominicano de turno, la jefa del Consejo Consultivo, los agregados culturales de una misión invisible que no representa a nadie diplomática ni culturalmente. Límites que el propio gobierno traza mientras teje para los dominicanos un caparazón jurídico y de arbitraje transnacional, en tanto los procesos que trascienden al Estado lo recubren de una seudo-pertenencia postnacional, ocultando prácticas, incidencias, hábitos y afiliaciones, en cuya creación precisamente el Estado dominicano juega un importante papel, (no existe la transnacionalidad como tal si no existe la intervención del Estado como impacto y condicionamiento de los ciudadanos en sus aspectos básicamente politico, económico y cultural), dejando traslucir sólo modelos parciales de una comunidad migracional, política y ciudadana en los vínculos con República Dominicana, limitándolos al gobierno, y los partidos y las alianzas politicas.
Es así como, por ejemplo, por más que le hable a mi hijo de Duarte, Sánchez y Mella, de Mamá Tingó, de Caamaño, de Máximo Gómez, y en la instancia comunitaria, por ejemplo, de la Escuela Gregorio Luperón en el Alto Manhattan, y su significado batallador para nuestra comunidad, él siempre estará fuera del modelo de pertenencia, transnacionalidad civil, desarrollo y proceso de una verdadera diáspora, ese modelo que las instancias gubernamentales de Fernández, su sarta de coreógrafos de la historia y la cultura, de allá y aquí, han creado para mí como migrante, dándome como sopita en botella una referencia de identidad cultural que en nada se parece al diario vivir mío y de mi hijo en Estados Unidos, donde la diversidad y el desafío étnico son el alimento diario.
Lo interesante es como estos modelos transnacionales reconocibles en el quehacer del gobierno de Fernández, son sospechosamente selectivos.
Fernández acaba de nombrar un fracatan de gente en la ONU, ha soltado en banda a algunos funcionarios con salarios solo en RD, quienes tienen que emplear la creatividad para sobrevivir en dólares en NY, todo por amor a Leonel Fernández, creando el parasitismo político transnacional de una vía (de aquí para allá) y la dependencia y estado de zombi aquí…Es gente que en tanto fuerza de trabajo desde las sedes del gobierno en NY, no produce de su capacidad al máximo para crear una condición diaspórica en el futuro, y pertenecer a una comunidad como ente transnacional desde abajo, malogrando su intelecto político aquí, sin recompensa en dólares… Es gente que pulula sin saber cuál es su sitio en el engranaje económico de la comunidad dominicana.
Por demás, acaba de nombrar en el Comisionado de Cultura, al profesor Luis Alvarez, conocido a través de la sindical de salud, la 1199, miembro del Board directivo del Instituto de Estudios Dominicanos, que dirige la amiga Ramonita Hernández, la también jefa del Consejo Consultivo de la Comunidad Dominicana, creado por el gobierno de Fernández. La 1199, se conoce como un poder en términos de salud, con su ejército de trabajadores en el área, donde se destacan focos muy envueltos en la política y pasilleos demócratas...
Luis Alvarez, se desempeñó hasta hace poco como miembro del Instituto de Cultura Puertorriqueña de Jhon Jay College, entidad universitaria cuyo prerrequisito exije en algunos campos de la enseñanza y la investigación que la bibliografía de sus profesores adscritos, se concentre en las comunidades étnicas de Nueva York.
En el plano de la comunidad dominicana se le conoce a Alvarez como Milagrista y más recientemente del sector de Max Puig. Su presencia en la comunidad ha sido más como historiador, tiene varios libros importantes sobre la República Dominicana y las intervenciones norteamericanas.
No se conoce ningún estudio suyo en el aspecto cultural y con especificidad en la comunidad dominicana. Se le conoce como una persona tranquila y nada conflictiva. Extrañamente, se pensaba que el doctor Franklin Gutiérrez continuaría en el cargo y trascendió que Alvarez estaba nombrado como sub-director. Los diarios trajeron esta semana la noticia de un nuevo Sub-secretario de Cultura o Comisionado para los trabajadores culturales, los artistas y escritores dominicanos de NY: El Profesor Luis Alvarez López. Y se produce a pocos días de los preparativos de la Feria del libro que con éxitos venía realizando Gutiérrez.
Este nombramiento es otra de las jugadas transnacionales desde arriba de Fernández, en donde “aparenta” dar poder a la comunidad con la designación de una persona de las cualidades de Luis Alvarez, pero para cuya selección, como anteriormente en el caso de Gutiérrez, no medió una sola consulta con la comunidad.
En el caso de Alvarez, pesaron los acuerdos y las cuotas politicas. Lo cual puede repercutir en la toma de decisiones, los recursos disponibles y la buena disponsición y la confianza de la cual disfrutó Gutiérrez con el Secretario de Cultura, José Rafael Lantigua. Siempre dije que con los recursos, y específicamente con la amplitud y confianza de Lantigua, el anterior Comisionado tenía el campo hecho, y con tales condiciones es dificil que una gestión fracase. Claro que esto no es medida rasa para determinar qué tan asertiva fue la gestión de Gutiérrez, desde puntos de vistas tan complejos como el perfil migracional y cultural de una comunidad transnacional como la dominicana en Nueva York.
Cuál es el desafío de Alvarez? Primeramente, entiendo que debe mantener lo realizado por Gutiérrez, así como éste mantuvo algunos puntos destacables de la gestión anterior (Miguel Farias/Consejo Consultivo) dentro del marco del folclor, las membresías de los grupos de la comunidad y actividades culturales gerencialmente efectivas, como la Feria del Libro. No obstante, Alvarez deberá rendir mejor informe a la comunidad que Gutiérrez, pues éste, aunque tiene sus cuentas claras, las mismas las presentará a su salida a modo de cierre de gestión, pero no ofreció una sola explicación a la comunidad dominicana, sus trabajadores culturales, activistas, instancias, boletines de gastos, etcétera, durante cuatro años, como debió ser de acuerdo a la Ley de Transparencia, esto debe superarlo Alvarez.
Espero que Luis Alvarez, a quien conozco bien desde la isla, desarrolle su gestión apegado a la pluralidad y las consultas. Además, con espíritu de integración de otras voces que no siempre son las que deambulan por el Alto Manhattan otorgándose condición de poetas, teatristas, pintores (en su mayoría, casi todos sin lienzos, sin obras sin poemas).
